sábado, 26 de febrero de 2011

Abatatar

Dígase que era otro el momento, que este plato no voló como una mariposa deslizándose lozana y que tú, animal coleóptero, no me miraste con la envidia que te hace negar esto, porque existió, como tú y yo ahora; aunque el tiempo y la vista nos nieguen la precisión. Y no vayas a abatatar al turbado ojeador que te va y nos viene en el mediodía del transcurso de ese plato, yéndote a la encomienda de una tarde que es la mañana que hoy silencias en el digitar de la negación de un proceso parecido, inclúyase la igualdad del recorrido, a lo que nos está sucediendo.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Abarloar

Ni cuando hago ejercicios siento mi cuerpo tan duro como atrás de mis ojos, y eso de re continuar mi día con el cuerpo quieto toda la madrugada quizás sea razón suficiente para inquirir mi calidad onírica; pero, por qué verme como un lancha siempre, sentir esa humedad rosándome la madera como gazapo cuando me abarloan en el puerto; y en pleamar, las embestidas de toros azules, de blancos caballos con sangre de príncipes y celeridad tal que parecen un estómago congestionado. Ahora que puedo reflexionar esto, en el único momento posible donde ninguna cualidad vivencial ataña la negación de la otra, sueño y sociedad, doy cuenta de la blandura plastilínica del trayecto.

Abarajar

Quizás no haya otra solución pero piénsalo bien Damián. Entiende, mierda, no es algo de tomar a la ligera, es tu vida, la de tus padres, tus abuelos y el impacto visual que nos accedas; porque todos miraremos esto a pesar que nos duela, y tú que te crees una mosca o no sé qué porquería de fácil disidencia; pero Damián, piensa en todos nosotros que para llegar a ti ya quisiéramos poseer los animales robóticos de todos los Power Rangers que infinitamente te gustan, allí quizás te sorprenderías por todo lo que no te dijimos horizontales y supieras que hay cosas que se callan por valentía o secreto, o en posesión de ese tu arrojo de nueve años, mierda, para no sé qué hacer pero así como tú quieres apagar muchos dolores , nosotros, abarajarte antes del impacto. Y no sé porqué tuviste que ser exactamente tú quien habitara el onceavo piso; porqué no el segundo, así sería menor el impacto; y quién sabe, por algún caso, entre todos, te habríamos podido abrazar antes que llegases al suelo.

Abanto

Cuando desperté sobre esos arbustos oscuros lo primero que se me vino a la mente fue estar sobre las hojas de un pacae carbonizado.  Dada mi desnudez abalancé mi cúbito dorsal sobre la superficie con una paciencia de gato; mis brazos se enramaron entre esas hojas como sobre sábanas, sobé mi rostro entre las perpendiculares de su planicie como si tratase de agua y mi cuerpo entero respiró de su textura de forma tal que, cerrados los ojos, me imaginé un mono oscuro sucumbido en la profundidad de anocheceres - Dos inmensos ojos de la estirpe de las manzanas esperaron que separara las pestañas - Varios años atrás alguien me había dicho que sólo un abanto puede esperar largas horas que un cuerpo despierte antes de despedazarlo.