Sobre ensayos de vocabulario a través de animales imaginarios y relatos de corta duración.
jueves, 17 de marzo de 2011
Abejaruco
El colibrí se preguntó qué habría comido esa ave que se hacía llamar Abejaruco para estar tan alta y gorda. Pensó en el cielo de la sierra. Recordó que sólo las hermosas tardes en el campo tienen esa calidad cerúlea en su pecho. ¿Pero cómo esa ave habría comido el cielo? Entonces pensó en los licénidos, en la apetitosa especie de las bellargus; en Nut, la diosa egipcia del cielo que protegía las tumbas extendiendo sus alas; en las Apsaras, las ninfas hindúes que bailaban en el viento y protegían el aire; en sus esposos, los Gandharvas, mitad aves o caballos musicales; en la piel de Indra cubierta de ojos permitiéndole el movimiento exacto del mundo y Vaiú; que viajaba a rededor; en An, el dios sumerio del cielo; en los Bacabob, esos cuatro dioses mayas que sostenían la atmósfera. El colibrí se preguntó cómo habrían nacido ellos y entonces comprendió el color, tamaño y gordura de esa ave que se hacía llamar Abejaruco; como él, picaflor.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Abductor
Quise volar y me di cuenta que en el cenit del Abeto las hojas son plumas verdes de un ave gorda y sin patas. Entramado estiré el cuerpo para que mis extremidades se desaferraran, al hacerlo sentí el abductor como un aviador siente el corazón de los pájaros y pensé en todas esas aves que habían nacido aquí. Creo que si yo habría sido una de ellas estaría viajando hasta la inanición por sobre todo el océano; y que a punto de morir, en dirección del azul, pensaría que soy un niño subido en ese árbol que me ha visto nacer; que trato de mover las extremidades para adivinarme volando, queriendo comprender lo que es el cielo, lo que es morir como un ave incrustándose entre los músculos de un blando suelo.
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