lunes, 3 de agosto de 2020

Aberrar

Habían transcurrido 9 años desde ese adiós: Mano al aire. Rostro volteado. Las falanges girando rápidas como si sujetaran un pañuelo en marinera. Él fue el único que miraba la espalda del otro como cuando se va un cartero luego de una encomienda. Y ni recuerda la voz misma, ese baladí circunstancial de la palabra al despedirse. Solo la mano. Esa maldita mano blanca como la suya ahora sobre el volante. Miró al retrovisor y solo vio los mismos ojos, las mismas cejas, pero en otro hombre. Y quizás lo recordó mejor así, o solo recordaría cuando madre alistaba la mesa y él siempre se sentaba último, se servía menos y nunca dejaba de hablar de su esencia de bailarín. Entonces lo tuvo claro: debía aberrar de ese carril, para ya no mal recodar el adiós que ni la voz abrazaba en el tiempo; para, en cambio, decir hola. Hola, Marco, discúlpame por ser débil, por no recordarte entero en la última plática, por no querer ir contigo al concurso de marinera. Pero ya estoy aquí, esta vez me tocó a mí llegar tarde.


sábado, 25 de enero de 2014

Ablución.

Ya lejos, hundo las mías, como papeles, dedo a dedo, golpeando el forro costado sin saber que el mar ya no es su agua, ya no me escupe el cariño que ella hiciera en los dedos desde la nostalgia extraña que brotaba en toda su tristeza de saberme lejos, aún cerca, allí, de su mano, tendida ablución de adiós, sin beso, sólo mirada; porque no podríamos despedirnos sin saber la cercanía clara, sin creer el volver como no se cree la muerte al sonreír de prisa y estar de regreso a la tierra en una chalana para no verla de nuevo. Cercano, distinto. Ya la ablución contraria hundiéndose en lo que pudo haber sido un adiós y ahora lo son unas falanges silenciando el saludo aferrándose al agua.

martes, 7 de febrero de 2012

Ablativo

Ella mintió como quien dice una verdad, ese fue el ablativo. Me aterrorizó el hecho de saberla vil, canalla, embustera. Más que eso fue la manera en que asumí su confesión - tambaleó el rostro hacia los hombros, sin dejar de mirar la vera, como buscando lentamente sacarse un poco de agua, de mí, de su oído. - Ahora estoy muy lejos de allí, aunque ayer pensé que hoy en la noche pasaría por ella, nuevamente. Como el té, en las manos, impulsados hacia la temperatura precisa entre cuerpo y cuerpo de vasos. Desde esta meza, donde la casualidad de un matrimonio no tiene su parte en ninguna de las sillas y esperar nada, como en otras, mientras sigo recordando tu mirada con la palabra mentira y los juramentos que rechazamos, con los dedos cruzados, creyendo en vano que el otro cumpliría su palabra, cumpliría este asiento que te apunta porque él no ha reservado el lugar para ustedes solos; como yo lo habría hecho, para estar, como estoy contigo ahora.

martes, 12 de julio de 2011

Ablación

Le dije que podríamos tocarnos toda la noche. Sonrió. Sus manos, como hechas de arena oscura, parecían la espalda de un cerro morado. Deslizó la yema de su dedo índice por toda la cuerda, como acariciando la mejilla de un árbol. La otra mano, cogiendo el arco, se deslizó en ablación al viento hasta posicionar el codo de tal forma que parecía sujetar una flecha. Todo callaba y pude escuchar como el arco cortaba el aire, anticipando la música. Me miró como preguntándome si me gustaban sus manos. También te tocaré, le dije. Antes de amanecer habrás escuchado mi tacto.

Abjurar

Increpo sobremanera las palabras que vierten en mí como si fuera un deshoje de árbol. Mi casa. La iglesia. ¿Qué mierda son los hermanos? Lo parecido ha sido mi familia, cada uno de mis pensamientos. Y lo siento, los recupero abjurando la inclinación mental de las incógnitas que facilité juntando los dedos. Contigo, padre Felít, que me acogiste a los tres años con la seguridad de verme en la cama, quererme en la impureza de mi desnudez, a pesar de creer y saber que somos el mismo rojo que ahora embauca mi credo.

miércoles, 1 de junio de 2011

Abisal

Ahora que te vas el mar me atiende como el viaje de una piedra al fondo de sus orígenes. Las flechas, como los peces, nunca se han preguntado el aire a pesar de que siempre piensan en las manos del arquero; y algo así es mi destino, mi vuelo abisal o sumerio contra la naturaleza hidrógena que me va empujando sus líquidos dedos al labio, para gritarte hacia mis adentros, o la única posibilidad, impacto final de la flecha. Y ya no  voy conteniendo mis muelas en humedad al inicio, la asfixia acuosa, invertebrada, que me hace abrir los labios y se va pareciendo tanto a tu boca.

viernes, 6 de mayo de 2011

Abigarrada

He descubierto tu nombre en un rincón de mi cuaderno. Sé que es tu nombre porque conserva ese olor a café en la tinta que tantas veces me anticipó el sueño, que me lo quitó también,  porque me eras necesaria después de toda tu prosa. Y me escribías los viernes para que hasta el lunes se me agotara la búsqueda. Debo confesarte que en sigilo llegué a revisar la caligrafía de cada cuaderno, pensando allanarte las curvas, esa forma tuya de estirar las A como una flecha horizontal al aire, de ponerle un columpio a la O, de permitirte eliminar las H porque te daba miedo el vacío. Y dónde hallarte si siempre firmabas entre semana en una ciudad diferente y me contabas abigarrada de cómo le iba a esa ciudad, detallabas la población, sus problemas de clase, la economía, e ibas con todo un argumento socioeconómico entrecomillando te amo. “Hoy Tucumán está agonizando en sequía, parece que más de cuatro mil hectáreas de cultivo se perderán, Te amé mucho hoy mientras mirabas a la ventana, y es preocupante el fallo que anteriormente denegó la construcción de una fuente de reserva, Rhazú¿ Estabas triste?, capaz de distribuir lo suficiente, No, sé que mirabas las nubes, para que ninguna de esas fuentes agrícolas hoy se deserten, Sé que las mirabas porque antes de voltear también yo las veía. El FMI ha censurado esa decisión tomada hace poco y calificado como un retraso político, y te veía en ellas ….” Al día siguiente te escribí en esa ventana ¿Por qué entrelazas los mensajes?. Y me respondiste que no me podías amar de otra manera. Nunca te entendí, sábes... Así pasaron tres años. Hasta ahora, que en medio de este vagón me he puesto a escribirte. A garabatear una carta que nunca te envié, que no podré hacerlo, que me ha traído tu nombre y tu olor claro como un saludo de despedida.