Sobre ensayos de vocabulario a través de animales imaginarios y relatos de corta duración.
viernes, 6 de mayo de 2011
Abigarrada
He descubierto tu nombre en un rincón de mi cuaderno. Sé que es tu nombre porque conserva ese olor a café en la tinta que tantas veces me anticipó el sueño, que me lo quitó también, porque me eras necesaria después de toda tu prosa. Y me escribías los viernes para que hasta el lunes se me agotara la búsqueda. Debo confesarte que en sigilo llegué a revisar la caligrafía de cada cuaderno, pensando allanarte las curvas, esa forma tuya de estirar las A como una flecha horizontal al aire, de ponerle un columpio a la O, de permitirte eliminar las H porque te daba miedo el vacío. Y dónde hallarte si siempre firmabas entre semana en una ciudad diferente y me contabas abigarrada de cómo le iba a esa ciudad, detallabas la población, sus problemas de clase, la economía, e ibas con todo un argumento socioeconómico entrecomillando te amo. “Hoy Tucumán está agonizando en sequía, parece que más de cuatro mil hectáreas de cultivo se perderán, Te amé mucho hoy mientras mirabas a la ventana, y es preocupante el fallo que anteriormente denegó la construcción de una fuente de reserva, Rhazú¿ Estabas triste?, capaz de distribuir lo suficiente, No, sé que mirabas las nubes, para que ninguna de esas fuentes agrícolas hoy se deserten, Sé que las mirabas porque antes de voltear también yo las veía. El FMI ha censurado esa decisión tomada hace poco y calificado como un retraso político, y te veía en ellas ….” Al día siguiente te escribí en esa ventana ¿Por qué entrelazas los mensajes?. Y me respondiste que no me podías amar de otra manera. Nunca te entendí, sábes... Así pasaron tres años. Hasta ahora, que en medio de este vagón me he puesto a escribirte. A garabatear una carta que nunca te envié, que no podré hacerlo, que me ha traído tu nombre y tu olor claro como un saludo de despedida.
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