martes, 10 de agosto de 2010

Abacería

Anton Laé miró el jarrón y se detuvo con la seguridad de saber algo. Nunca antes lo había visto pero presentía de él completamente. Una vez alguien le dijo que si se ve un color no se puede dudar de ello, Anton Laé dudó enteramente de ese jarrón. Parecía como si le hubiesen mostrado una foto suya fuera de su memoria. El entendimiento de una realidad palpable pero inrecordable, y a la vez cercanísima, le humedecía la frente. Vaciló. La abacería estaba a punto de cerrar. Apagó los ojos, parecía que así todo era más tangible. Cuando estiró la mano Laé palpó aceite. De pronto la humedad viscosa se granuló. Laé, no recordará más el aspecto del jarrón. Su mano parecía la del hombre imvisible de Wells, y el jarrón como un chocolate derretido, extendiéndose en los contornos de su palma, pasará a otro espacio. Quizá más perceptible.

No hay comentarios:

Publicar un comentario