Microrelato (no- ensayo):
Lo que sucedía en el cuarto de abajo era inadmisible. Él se quedaba mirándola fijamente. Con los dedos quietos. Con el cuerpo inane. Tan justo como ella lo hacía. Como si en el instante hubiese recibido gravísima noticia. Nunca cerraban la puerta, y hasta el sillón de junco parecía moverse. Ellos no. Ellos sólo se sentaban todas las tardes y se miraban fijamente. Cuando un cuerpo cae en peso muchas veces suele engañar al tiempo. Ellos no se movían y parecían consumir el tiempo más que otros movimientos. Sólo una vez voltearon, y hoy no los he vuelto a ver en el transcurso de la misma tarde.
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