Sobre ensayos de vocabulario a través de animales imaginarios y relatos de corta duración.
jueves, 17 de marzo de 2011
Abejaruco
El colibrí se preguntó qué habría comido esa ave que se hacía llamar Abejaruco para estar tan alta y gorda. Pensó en el cielo de la sierra. Recordó que sólo las hermosas tardes en el campo tienen esa calidad cerúlea en su pecho. ¿Pero cómo esa ave habría comido el cielo? Entonces pensó en los licénidos, en la apetitosa especie de las bellargus; en Nut, la diosa egipcia del cielo que protegía las tumbas extendiendo sus alas; en las Apsaras, las ninfas hindúes que bailaban en el viento y protegían el aire; en sus esposos, los Gandharvas, mitad aves o caballos musicales; en la piel de Indra cubierta de ojos permitiéndole el movimiento exacto del mundo y Vaiú; que viajaba a rededor; en An, el dios sumerio del cielo; en los Bacabob, esos cuatro dioses mayas que sostenían la atmósfera. El colibrí se preguntó cómo habrían nacido ellos y entonces comprendió el color, tamaño y gordura de esa ave que se hacía llamar Abejaruco; como él, picaflor.
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