martes, 12 de julio de 2011

Ablación

Le dije que podríamos tocarnos toda la noche. Sonrió. Sus manos, como hechas de arena oscura, parecían la espalda de un cerro morado. Deslizó la yema de su dedo índice por toda la cuerda, como acariciando la mejilla de un árbol. La otra mano, cogiendo el arco, se deslizó en ablación al viento hasta posicionar el codo de tal forma que parecía sujetar una flecha. Todo callaba y pude escuchar como el arco cortaba el aire, anticipando la música. Me miró como preguntándome si me gustaban sus manos. También te tocaré, le dije. Antes de amanecer habrás escuchado mi tacto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario